Jabón
Dos tipos de jabones de tradición mediterránea, saponificados en caliente en el taller. Las piezas se cortan a mano, por lo que el precio final se establece por el peso de cada pastilla

Jabón de Marsella
La venta del primer jabón marsellés fue registrada oficialmente en 1371 por el artesano Crescas Davin.
El rey Luis XIV, a través de su ministro Colbert, firmó un decreto que reservaba el nombre de jabón de Marsella a los productos elaborados únicamente con aceites vegetales puros (como el aceite de oliva) en calderos tradicionales, prohibiendo el uso de grasas animales.
La edad de oro (siglos XIX–XX)
La región alcanzó su mayor apogeo industrial a finales del siglo XIX y principios del XX, con cerca de un centenar de fábricas activas que producían el clásico cubo sellado con la leyenda «72 % de aceite».
Este jabón se formula con aceite puro de canola, mezclado con la proporción justa de aceite de coco para garantizar limpieza profunda, espuma consistente y se colorea ligeramente con cúrcuma en patrón veteado

Jabón de Castilla
Origen en Al-Ándalus (siglos VIII–X)
Los antecedentes del jabón con base de aceite de oliva nacieron en el Mediterráneo y se perfeccionaron en Al-Ándalus, especialmente en Sevilla y el valle del Guadalquivir, una zona rica en olivares y en plantas halófitas (almarjo o barrilla).
Consolidación en el Reino de Castilla (siglos XII–XIV)
Durante la Edad Media, el producto se expandió por los territorios de la Corona de Castilla. A diferencia de otros jabones europeos, que usaban mezclas de grasas o sebo animal, la versión castellana destacó por usar aceite de oliva puro y cenizas de alta calidad (barrilla). Estas últimas aportaban la alcalinidad necesaria para la saponificación, y actualmente han sido reemplazadas por la sosa cáustica
Se hizo famoso en toda Europa con nombres como sapo hispaniensis o jabón blanco. La reina Leonor de Castilla (siglo XIII) ayudó a popularizarlo en las cortes reales de Inglaterra y el resto de Occidente.
Exportación y Época Moderna (siglos XV–XVIII)
Desde los puertos andaluces y castellanos, el jabón se convirtió en uno de los productos de exportación más valiosos de España, muy apreciado por la realeza y vendido en boticas como remedio dermatológico. Su fama inspiró a otras regiones productoras a crear variantes célebres, como el jabón de Marsella en Francia.
Este jabón se elabora únicamente con aceite de oliva y sosa cáustica. Es especialmente indicado para pieles sensibles. Se colorea ligeramente con cúrcuma de modo uniforme. Esta añade al jabón propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antimicrobianas y aclarantes, debido principalmente a la curcumina, su componente biológico activo más importante